Días
después de que intentara entrar en la posteridad con una boutade
contra los medios de comunicación porque, según él, airean
demasiado los asuntos judiciales en los que están implicados
políticos (presuntamente) corruptos, el fiscal de carrera y
consejero de Justicia de la Junta de Andalucía, Emilio de Llera,
sigue dando que hablar a los periodistas por tal intento de matar al
mensajero, algo muy de nuestros políticos y que a los periodistas
suele tocarnos la moral. Viene esto al hilo de lo que hoy escribe en
ABC de Sevilla mi compañero Tomás Balbontín, artículo el suyo que
me ha hecho recordar alguna otra boutade protagonizada por otro
fiscal, hoy reconvertido en abogado privado, que en cierto juicio
también la emprendió contra los periodistas dejándose caer en
pleno informe final, o sea en público, ante letrados y jueces, con
que lo que escribíamos servía poco más que para utilizar el papel
como envoltura de bocadillos o de pescado frito, ya no recuerdo el
producto. Un recurso dialéctico sobradamente manido que al día
siguiente tuvo su debida respuesta, lo que, entre otras cosas, dio
pie a que el susodicho fiscal me retirara la palabra durante algunos
años. Ninguno de los dos representantes del Ministerio Público está
ya en activo en la Audiencia de Sevilla, donde tanto el uno como el
otro perdieron sus grandes casos mediáticos que tanto los acercaron
a los periodistas. Pero la coincidencia es tal que uno acaba
preguntándose si tanta grima contra la Prensa no será una
deformación del propio oficio.
José L. García
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