viernes, 4 de octubre de 2013

Mérito y capacidad en la Junta de Andalucía

En sus golpes de timón ideológico, la Junta de Andalucía la ha cogido perra ahora con los profesores de la asignatura de Religión, docentes repaldados por la Ley Orgánica de la Educación, entre otras normas, a los que la Administración autonómica andaluza ahora niega que puedan cuidar de los escolares en los recreos porque no han accedido a su puesto de trabajo por oposición, a través de pruebas de mérito y capacidad. En ello se basa la defensa del decretazo por parte de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, para quien la orden dictada no está alentada por un criterio ideológico, no, sino por defender a los docentes que superaron pruebas de mérito y capacidad para acceder a su trabajo, no vaya a ser -Susana dixit- que alguien recurra constitucionalmente por semejante barbaridad anticonstitucional. Desde que accedió sin oposición (léase votos, urnas y esas cosas) a la Presidencia de la Junta, Susana Díaz está demasiado acostumbrada a hablar sólo de una vertiente de los problemas: se queja de la corrupción, pero no se persona contra UGT que les ha mangoneado dineros con facturas dudosas... Por eso no extraña que en esta nueva guerra a cuenta de los profesores de Religión y sus méritos y capacidades, a la presidenta se le olviden las sentencias que condenan a la Junta por emplear como funcionarios a personas designadas digitalmente -o sea, a dedo- como personal laboral, para que llenen las empresas que conforman la llamada administración paralela que sostiene la Junta de Andalucía, esa que también se le olvida citar a la consejera de Hacienda, María Jesús Montero, cuando llora por las esquinas diciendo que la Junta ya no tiene "grasa" para adelgazar. Que se sepa, los pseudofuncionarios de las empresas de esa administración paralela que la Junta arropa sin rechistar sí que entraron con dudoso mérito y sin demostrar capacidad. Es la hora, pues, de que la presidenta se aplique el cuento y defienda a los funcionarios de carrera con los mismos argumentos con los que ahora parece defender al profesorado de mérito frente al acoso de los vapuleados profesores de Religión.

José L. García

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