lunes, 7 de septiembre de 2015

La escritora ambulante




-Soy escritora, ¿quiere usted echarle un vistazo a mi libro por si le interesa y lo compra?
La frase es literal. Se la escuché el sábado pasado a una mujer que deambulaba por la céntrica calle Sierpes de Sevilla cargada con media docena de libros, un bolígrafo y un bolso que imagino cargado con otros tantos ejemplares, fruto de un trabajo que sin duda un día acometió con ilusión, pero sin demasiado realismo.
Porque seguramente nadie le explicó que en el mundo de la literatura hay más monte que orégano y que hace falta bastante más que buena voluntad (y a veces el dinero necesario para autoeditarse) para que una obra pueda llegar a los escaparates de las librerías.
Las editoriales grandes miran para otro lado; las medianas racanean y las pequeñas… bueno, mucho hacen con sobrevivir. Eso sin entrar en el otro cosmos del mundo literario, el de la distribución, del que dependerá en buena medida que una obra se haga visible al público. Todo independientemente de la calidad; una cualidad que, dejemos los engaños, nada tiene que ver con las ventas. Y si no, basta mirar cualquier mesa de novedades para ver cuántos bodrios llegan a las librerías con las bendiciones, la publicidad y la distribución de las grandes editoriales, a las que muchas veces habría que imaginar como despachos de papel al por mayor, independientemente de lo que los pliegos lleven impreso.

Por eso admiro a la vendedora ambulante de libros en la calle Sierpes. Porque al menos ha tenido la decencia de defender el producto de su imaginación y de su trabajo a pie de calle y no supeditándose al criterio de un ideólogo de la edición.

P.S. Este blog nació hace algunos años y desde entonces dormía en algún sitio sin uso. Hoy he decidido dárselo para reflejar algunos pensamientos en voz alta. El caso real de esta escritora ambulante es el primero.

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