Después de haberse recuperado de la misteriosa afonía que debieron producirle las facturas de los atracones de langostinos, fiestas, ferias varias y publicidades a tutiplén pagadas con dineros destinados a los parados, Cándido Méndez, a la sazón secretario general del sindicato de las treinta raciones de mariscos a precio de oro, ha recuperado la voz para hablar sobre el escándalo que sacude UGT de arriba abajo. Y lo ha hecho en Madrid, lejos del vórtice del huracán andaluz. Allí ha dado la sensación de que metía la mano en su pecho, pero no para entonar un mea culpa, sino para pegarle un capotazo al asunto con unas declaraciones que dicen sin decir y admiten sin admitir. Y si no, ahí va la cosa: Cándido Méndez acaba por asegurar que si alguien ha metido la mano, y se demuestra, habrá que adoptar responsabilidades de carácter "político". Ahí es nada. O sea, que si se demuestra el trinque, vía homenajes langostineros y cosas parecidas, lo más que van a hacer en UGT es darle un cosqui al responsable. Y no digo nada si las irregularidades se cometieron en tiempos de otros responsables regionales -léase Pastrana-, ya quitados de la circulación. ¿En qué quedan las responsabilidades políticas? Méndez no habla, por supuesto, de lo que puedan acabar diciendo los juzgados que instruyen los presuntos fraudes a la Junta con dineros de todos y algunas facturas más que dudosas, y mucho menos de devolver el dinero malversado; ese que es de todos, no sólo del sindicato. Para hablar de eso, a Cándido parece que no se le ha quitado del todo la afonía.
José L. García
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